La última batalla

 

Tras dos meses y medio de protestas y reivindicaciones en Hong Kong sólo unas pocas pegatinas pidiendo el sufragio universal son el único rastro visible de lo que otrora fue el campo de resistencia más importante contra el Gobierno Chino desde los sucesos de Tiananmen en 1989.

 

Líderes estudiantiles junto a rostros anónimos decidieron, a finales de septiembre, plantar cara al implacable rodillo del gigante asiático y ocupar los centros neurálgicos hongkoneses para exigir el cumplimiento de los derechos universales, siguiendo la estela de otros grandes movimientos cívicos internacionales como la Arab Spring, Occupy Wall Street o la Spanish Revolution.

 

La mecha que prendió la indignación colectiva vino de la mano de la reforma electoral emprendida por el Congreso Nacional del Pueblo chino para limitar aun si cabe su derecho al voto y no conceder el acceso, prometido en 2007, al sufragio universal. De esta manera se rompe con el principio alcanzado tras la vuelta de la antigua colonia británica a manos del gobierno de Xi Jinping, de “un país, dos sistemas” por el cual Hong Kong goza de una mayor autonomía que el resto de las regiones administrativas de la Republica Popular China.

 

A raíz de ello la federación estudiantil Scholarism y el movimiento cívico Occupy Central, creado desde el mundo académico y de las ONG’s,  decidieron emprender distintas acciones para mostrar su frontal oposición a la nueva política restrictiva impuesta por China. Pero no fue hasta el 28 de septiembre tras el uso de tear gas por parte de la Policía para dispersar a los manifestantes de las calles de Admiralty cuando la indignación de la población alcanzó su apogeo. Estos últimos, armados con simples paraguas para defenderse contra los botes de humo, elevaron sus reivindicaciones, casi sin percatarse, a la categoría de revolución: La Revolución de los Paraguas.

 

La ocupación pacífica del distrito financiero se fue consumando poco después del fatídico día del Tear gas. Desde líderes estudiantiles como Joshua Wong hasta personajes influyentes del mundo de la comunicación como Jimmy Lai, pasando por miles de ciudadanos desconocidos, decidieron usar este mecanismo de la ciencia política como método de lucha ante la impasividad de los estados hacia las demandas ciudadanas.

 

Tras 82 días de ocupación y enfrentamientos, con las fuerzas divididas entre algunos sectores del movimiento y un apoyo menguante de una población poco familiarizada con las protestas, el Ejecutivo de la isla, más que proclive a los deseos del Gobierno chino, aprovechó dicha coyuntura para poner fin a la revuelta y limpiar los últimos bastiones de los manifestantes. Pero no sin que antes estos ciudadanos anónimos, estudiantes, profesores, periodistas, consultores, técnicos de sonido o trabajadores de la construcción, dejaran claro al Gobierno chino que no podrán doblegar sus ansias de democracia. Que en la mente de todos ellos solo queda una premisa, una voz en grito: “Esto no es el final, es solo el principio. Volveremos”.

 

Fecha : 2014
Lugar : Hong Kong occupied areas, HK.
   
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